Los lectores asiduos de este blog verán que reseño con frecuencia a Luis Correa-Díaz. ¿Por qué? Porque disfruto de su lectura.
LCD escribe de manera que parece fácil y casual, lo que hace que este lector se sienta cómodo al leer. La realidad es que los poemas de Correa-Díaz esconden el oficio y el esmero de años, de estudio y, sobre todo, de vida.
La región antártica famosa es un claro ejemplo de esto. LCD nos brinda, al mismo tiempo, una historia, una geografía de la región y una oración ecológica salpimentada con emojis y códigos QR.
Lo que parece un flujo de conciencia, un monólogo interior, es una construcción narrativa en verso. Con esa soltura mencionada, LCD habla de Derek Walcott (a quien conocí, pero eso es para otro blog) o de William Blake, Neruda o Borges. Correa-Díaz nos lleva desde la Araucana hasta Byrd, de Darwin a Espronceda y de Jorge Manrique a Benjamín Labatut y todo con ritmo de ranchera, de Metallica o de Kiss.
En estos versos que se leen como prosa, en estas frases que hacen malabares con la metonimia y la metáfora, en estas referencias ad hoc, el lector se pierde en la Antártica para entenderla.
Con ocasión de la reciente Cincinnati Conference on Romance and Arabic Languages and Literatures, charlaba con la genial autora Nuyorican Ann Dávila Cardinal sobre el spanglish y la responsabilidad de usarlo con naturalidad y tranquilidad. Correa-Díaz es estandarte del uso del spanglish; esta espontaneidad otorga a los versos de LCD un significado secreto que únicamente pueden descifrar lectores bilingües.
La región antártica famosa es un gran ejemplo de la literatura de Luis Correa-Díaz, de aparente lectura fácil, pero que esconde un oficio y una técnica preciosista y elegante.

